El gobierno de Urtubey estudia seriamente por estas horas declarar la «emergencia bacteriana y parasitaria» en el ámbito de la Administración pública provincial, después de que un brote de sarna afectara al menos a 50 aspirantes a policía y otro de gripe tumbara en la cama a más de la mitad de los concejales de la ciudad de Salta. Los dos sucesos pusieron en alerta inmediatamente a las autoridades sanitarias que decretaron la fumigación intensiva de ambos lugares.
Una dotación de exterminadores esparció una fuerte dosis de escabicidas en la Escuela de Policía, aunque algunas fuentes señalan que para fulminar al rebelde ácaro, se recurrió al empleo de gamexane en estado puro.
Mientras los cadetes se dedicaban a hervir sus medias y demás partes de su uniforme en grandes ollas dispuestas al aire libre, otra partida de sanitarios con aparatos de flit en la mano, procedió a fumigar intensamente las contaminadas instalaciones del Concejo Deliberante de Salta, en donde al parecer, por falta de higiene, se habían hecho fuertes unos virus que permanecían allí desde las épocas del intendente Bavio.
Temeroso de que pudiera tratarse en realidad del cumplimiento de una maldición bíblica sobre su gobierno y de que las plagas se extiendan a otras oficinas públicas, como a los recintos de los poderes legislativo y judicial, el gobernador Urtubey ha pedido el asesoramiento de altas instancias del Arzobispado de Salta.
Fuentes solventes aseguran que el Vicario General le ha aconsejado al mandatario fumigar todas las instalaciones gubernamentales, pero no con hexadefital ni fenelina sino con incienso, en proporciones cercanas a la toxicidad, y a ser posible desde un avión langostero o lanzapanfletos. La recomendación sacerdotal incluye el lampaceo de los pasillos del Grand Bourg con un camión cisterna de agua bendita.
Según la autoridad eclesiástica, el diablo podría haberse infiltrado en el gobierno como un virus troyano y haber tomado el control de las principales decisiones públicas.