Luis Caro Figueroa
No parece haber entre nosotros, los salteños, una exacta medida del tiempo cronológico. A pesar de la evidente aceleración de algunos procesos sociales, vinculados con la economía, la política o el mundo mediático, muchos comprovincianos siguen regidos por el reloj ancestral, el mismo que marca con puntualidad el inicio y el final de ciertos ritos, como la Procesión del Milagro o el eterno, aunque periódico, llanto por Güemes.
Que Miguel Ángel Isa es un experimentado animal político, no parece ser una duda para nadie.
Con la firma de su presidente, Héctor Martínez, y su secretaria general, Rossana Sángari, el Colegio de Magistrados y Funcionarios de Salta ha hecho pública una declaración institucional en la que, apelando al repetido argumento de la necesaria imparcialidad de los jueces y de su igualmente necesaria autonomía frente a presiones sociales y mediáticas, desliza peligrosos juicios de valor sobre el rol institucional de la judicatura y sobre la responsabilidad social de los magistrados.
Por casualidad, hice hoy lo que, para evitar mayores disgustos, nunca suelo hacer: abrir el Boletín Oficial de Salta y leer el Decreto 3688/13 del augusto Gobernador de la Provincia, referido a lo que él y su Secretario General denominan "Asueto Administrativo".
Uno de los rasgos que sin dudas distinguen al sistema político salteño es el amplio consenso entre los diferentes protagonistas de la vida pública lugareña acerca del valor de la llamada 'institucionalidad'.
En términos muy generales, se llama "deber de paz" a los compromisos que asumen los sujetos negociadores de un convenio colectivo, o de cualquier otro tipo de acuerdo laboral de alcance general, de abstenerse de plantear acciones colectivas durante el período de vigencia de aquéllos.
Los temores que -según todo indica- desvelan a un cierto sector de la sociedad salteña por el sorprendente crecimiento de la audiencia electoral del Partido Obrero no son, a mi modo de ver, justificados.
El ciclo de reelecciones continuas y proyectos de poder hegemónico a largo plazo, iniciado hace ahora 18 años, se resiste fieramente a admitir su final y su derrota.
La señora sentada frente a una Godeco arreglaba una parva de ropa de niños; se da vuelta y mira a la cámara: “Ya no quiero más ropa parchada. ¡Quiero ropa nueva!”. El spot publicitario del MID –con tonos de pintura de Sívori- concluía con el jingle “¡Sepa qué hacer, vote al MID!”.
Nadie es capaz de aventurar hoy si dentro de treinta años habrá hemerotecas digitales que documenten lo que está sucediendo en estos días o, si por el contrario, los registros informáticos de hoy perecerán mañana a causa de un gran cataclismo tecnológico que convertirá en humeante chatarra a miles de millones de discos duros en todo el planeta.
Qué raro es todo esto… Luego de la super interna justicialista –denominada PASO- del domingo 6, los diputados volvieron a clases a ganarse el pan con el sudor de sus lenguas. Como casi todos los martes, de regreso a casa prendo la radio y escucho la sesión de esa Cámara para enterarme en qué anda la buena muchachada. Un ejercicio necesario, lo aseguro.La que dicen escribanía del Ejecutivo (no solo de este, sino de los últimos 20 años) no se caracteriza por debates sustanciosos a la hora de proponer y votar leyes (por caso, 27 años de demora para aprobar la ley de creación del Consejo Económico y Social). De modo que declaraciones, recordatorios y homenajes varios permiten conocer al menos cuál es la formación/orientación ideológico-doctrinaria de cada representante del pueblo salteño. [Me estoy preparando para la del próximo martes, a propósito del 12 de Octubre, que presumo sin desperdicio]. Anoche descubrí que buena parte es guevarista declarada, no diré para mi asombro pues ya nada asombra y además siempre consideré que son contados los de línea argumental homogénea.
Desde hace algunos años han empezado a proliferar entre nosotros las «consultoras políticas», unas pequeñas pero ambiciosas organizaciones que aspiran a monopolizar el conocimiento de la realidad política y a erigirse en supremos intérpretes de las preferencias y las necesidades de los ciudadanos.