LUIS CARO FIGUEROA (Paris) - Seis meses después de la debacle electoral de Nicolas Sarkozy, la derecha francesa carece aún de un liderazgo definido y se asoma al abismo de la fractura.
Los conservadores franceses han votado ayer para elegir a su nuevo líder, pero un resultado muy ajustado (similar al que arrojaron las primarias del Partido Socialista en 2008) ha impedido que ayer se declarara al vencedor.
La prensa francesa escribe hoy que es difícil imaginar un peor escenario para la UMP (Unión por un Movimiento Popular) a diez años de su creación. Nacida con la ambición de convertirse en un gran partido conservador moderno, capaz de unir a todas las sensibilidades de la derecha francesa y de resistir la competencia de la extrema derecha, la UMP es hoy un partido virtualmente fracturado.
El duro pulso que han mantenido los dos candidatos a presidir el partido,
Jean-François Copé y
François Fillon, no ha sido exactamente un duelo de vaninades sino el enfrentamiento entre dos concepciones muy diferentes de los desafíos que tiene la oposición de derecha en los próximos años.
Todo indica que la batalla entre Fillon y Copé dejará cicatrices profundas. La falta de legitimidad del que resulte finalmente elegido puede llegar a ser una pesada carga para el futuro de la UMP y una considerable desventaja, no solo frente a su rival socialista sino también frente al empuje populista de la extrema derecha.
La crisis de liderazgo de la derecha francesa representa también un problema mayor para el gobierno de
François Hollande y para Europa. No se puede esperar ningún beneficio de una oposición dividida, dicen los partidarios del gobierno.